¿Desde cuándo La Palma es La Palma? Se supone que el nombre que le daban los indígenas a nuestra tierra era Benawara, que significaba algo así como “la tierra de los awara”. Así es que el nombre de “La Palma” debe ser resultado de la visión foránea de la isla, un conocimiento que se fue fraguando poco a poco con el paso de los siglos.

Efectivamente, está en permanente discusión el grado de conocimiento que se tenía de Canarias en la Antigüedad Clásica. La obra geográfica cumbre de este periodo es la Geographike Uphegénesis de Ptolomeo, una relación de 8.000 lugares de todo el mundo conocido situados en coordenadas. Esta lista sitúa más allá del estrecho de Gibraltar cinco islas llamadas Aprósitos, Heras, Plovialia, Kapraria, Kanaria y Ningouaria. Ninguna Palma a la vista.

Tras la caída del Imperio, la Edad Media supuso un empequeñecimiento cultural del mundo, por lo que al final de ésta muchos territorios tuvieron que ser redescubiertos. A partir del siglo XIII las necesidades económicas de Europa impulsaron a algunos de sus habitantes más osados (o más necesitados) a explorar los océanos donde antaño imaginaron terroríficos monstruos, pero también idílicas islas entre lo mitológico y lo real, como las Makárôn nêsoi. Y paralelamente a estos viajes, los cartógrafos iban volcando en sus mapas la información que retornaba con los barcos a los puertos. 

En un mapa del siglo XII que se custodia en la Biblioteca Estatal de Baviera aparecen, paralelas a la costa noroccidental de África, seis islas sin contornos definidos denominadas Fortunatae Insulae. Esta es la primera cartografía de Canarias que se conoce. 

Con mayor información geográfica acumulada, las cartas portulanas fueron poco a poco ganando en precisión. La primera representación de nuestra isla con su nombre actual aparece en la carta de los hermanos Pizigani, en 1367, donde aparece con el rótulo “ysola palmier”. Luego se la vería en 1400 como “insula del palmer”, probablemente “isla del palmeral” en el idioma mallorquín. 

Todavía Tenerife tardaría sesenta y ocho años en dejar de llamarse “Isla del Infierno”. ¿Cómo se las hubieran apañado sus expertos en marketing turístico con ese nombre?

Toda esta información la hemos conseguido en el libro de Juan Tous Meliá, Las Islas Canarias a través de la cartografía. Gaviño de Franchy, Islas Canarias, 2014, disponible en la biblioteca de La Punta. Un libro precioso, por cierto; para enamorarse de la cartografía.